Nutrición integrativa y PNI

La importancia del Omega 3: cómo cuidar tu salud desde dentro

Hoy quiero hablarte de uno de esos nutrientes silenciosos pero imprescindibles: el Omega 3.

¿Por qué me parece tan importante el Omega 3?

El Omega 3 es un ácido graso esencial. ¿Qué significa eso? Que tu cuerpo no puede fabricarlo por sí solo, así que necesitas incorporarlo a través de los alimentos o de un suplemento.
Llevo años viendo en consulta los beneficios que tiene cuando se alcanza un buen nivel: mejora el estado de ánimo, baja la inflamación, protege el corazón y ayuda a que el cerebro funcione como debe.

También es clave en etapas como el embarazo, la lactancia o el crecimiento infantil, y muchas veces no le damos la importancia que merece.

El equilibrio con el Omega 6: una pieza olvidada

Muchas personas me dicen: “pero si ya tomo frutos secos y como sano, ¿por qué me falta Omega 3?”.
Y ahí está la trampa: no se trata solo de cuánto Omega 3 consumes, sino de la relación que tiene con el Omega 6.

El Omega 6 también es esencial, pero en nuestra dieta actual lo tomamos en exceso (aceites refinados, ultraprocesados, snacks…). El equilibrio ideal estaría en torno a 1:3 (Omega 3:6), pero en realidad solemos estar más cerca de 1:15 o más.
¿El resultado? Inflamación crónica silenciosa, que puede estar detrás de fatiga, dolores, problemas digestivos o desequilibrios hormonales.

¿Qué puedes hacer para mejorar esa relación?

Esto es lo que suelo recomendar:

Reducir el exceso de Omega 6:

  • Evita aceites vegetales refinados como girasol, maíz o soja.
  • Reduce los productos ultraprocesados, sobre todo fritos y bollería.

Aumentar tu Omega 3 de calidad:

  • Incorpora pescado azul de pequeño tamaño (sardinas, caballa…).
  • Usa semillas de lino o chía molidas (su aporte es vegetal y más limitado, pero suman).
  • Y si hace falta, valora un buen suplemento.

¿Cómo elegir un buen suplemento de Omega 3?

Aquí no vale cualquiera. Si te planteas tomarlo, fíjate en esto:

  • Que sea en forma triglicérido reesterificado o fosfolípido (mejor absorción).
  • Que indique claramente cuántos mg de EPA y DHA lleva por dosis.
  • Que esté libre de metales pesados y certificado (por ejemplo, IFOS).
  • Que tenga bajo nivel de oxidación y contenga antioxidantes naturales como vitamina E.
  • Y, por supuesto, que tenga un etiquetado claro, sin aditivos innecesarios.

¿Y si no sabes si lo necesitas?

En consulta te puedo ayudar a valorarlo: revisamos tu alimentación, tu sintomatología y, si hace falta, podemos hacer un análisis de perfil de ácidos grasos para ver tu ratio real Omega 3/6. A veces, solo con ajustar algunos hábitos ya se nota una gran diferencia.

Cuidar lo que no se ve es también hacer nutrición desde la raíz.
El equilibrio de tus células, tu energía diaria y tu salud a largo plazo se construyen con decisiones pequeñas, como esta.

Si quieres saber más sobre cómo mejorar tu salud desde dentro, estaré encantada de acompañarte.

Un abrazo,
Cati Neus Abraham
Nutricionista & PNI | CN Nutrición

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